Gran Premio de Argentina: una larga historia que espera por Franco Colapinto

Por: Nicolas Gabetta

La Fórmula 1 vuelve a mirar a la Argentina. En Buenos Aires, el trabajo para poner al Autódromo Oscar y Juan Gálvez en condiciones no cesa y, si bien el enfoque está puesto en la parada obligatoria del MotoGP en 2027, los rumores sobre la posibilidad certera de tener un Gran Premio de Argentina de Fórmula 1 en 2028 comienzan a ganar mucha fuerza. No hay todavía un acuerdo ni una fecha confirmada, pero sí una candidatura que, con la consolidación de Franco Colapinto y el desbordante clamor popular que genera, empieza a tomar otro color. Y también hay un factor diferencial que ningún otro aspirante puede construir desde cero: historia. Porque Argentina no quiere volver a la Fórmula 1. Argentina siempre fue una parte fundamental de ella.

Lo primero que hay que hacer es bajar las expectativas. Formar parte del calendario de Fórmula 1 es un privilegio que pocos pueden ostentar y la renovación es realmente baja. Argentina necesitaría una vacante, una rotación o una ampliación del campeonato para poder ingresar. Obviamente, hay factores que envían señales positivas: Buenos Aires está trabajando para estar preparada cuando esa oportunidad aparezca y Franco Colapinto, que convirtió nuevamente a la Argentina en un mercado de enorme interés para la categoría, un diferencial que otros aspirantes como Tailandia o Sudáfrica no poseen. Por eso, más que hablar de un Gran Premio asegurado para 2028, hoy resulta más preciso hablar de una ventana: Argentina está construyendo las condiciones para que, cuando se abra una puerta, pueda estar en condiciones de atravesarla.

En esta búsqueda, Argentina tiene algo que ninguna homologación ni ninguna negociación pueden construir de la noche a la mañana: un presente prometedor respaldado por una historia enorme. Hoy, Franco Colapinto lleva consigo la bandera de Juan Manuel Fangio, el máximo ganador en su tierra, en una sede que fue testigo de grandes jornadas inaugurales de la temporada de Fórmula 1, carreras inolvidables, una feroz tragedia y una despedida con Michael Schumacher derrotando a Hakkinen, una imagen que podría funcionar como preludio a su época más dorada. Argentina es demasiado en un solo lugar: un país que colmó una ciudad por una exhibición y que sueña con volver a tener frente a sus ojos el espectáculo deportivo más grande de todos.

El Gran Premio de Argentina: los primeros años y una gran tragedia

El 18 de enero de 1953, la Fórmula 1 llegó por primera vez a la Argentina y Buenos Aires recibió al Mundial como una verdadera fiesta nacional. Pero la enorme expectativa se reflejaría en un desborde incontrolable y aquella jornada quedó marcada para siempre por una tragedia: en la vuelta 32, Nino Farina perdió el control de su Ferrari al intentar esquivar a un espectador que había ingresado a la pista y su auto se lanzó contra la multitud. El saldo oficial fue de diez muertos y decenas de heridos. La Fórmula 1 había llegado a la Argentina, pero su bautismo estuvo lejos de ser una fiesta. Con esta situación, el resultado fue casi anecdótico: Alberto Ascari dominó la carrera con su Ferrari y se quedó con una victoria que anticiparía su segundo título mundial, mientras Froilán González completó el podio y Oscar Gálvez consiguió un histórico quinto puesto.

Un año después, Juan Manuel Fangio tuvo la revancha que la primera edición le había negado. El 17 de enero de 1954, el Gran Premio de Argentina volvió a abrir el campeonato y el balcarceño llegó a Buenos Aires para demostrar que el accidente sufrido en Monza había quedado atrás. Con su Maserati 250F partió desde la tercera posición, detrás de Nino Farina y José Froilán González, y en una carrera atravesada por la lluvia fue construyendo su victoria con paciencia y velocidad. Tras acercarse a Farina y superarlo luego de una detención en boxes, Fangio tomó el liderazgo y ya no lo soltó. Fue su primer triunfo en casa, el comienzo de una temporada que terminaría con su segundo campeonato mundial y el primero de una relación extraordinaria con el Gran Premio de Argentina. Buenos Aires ya tenía a su héroe.

Así, Fangio convirtió al Gran Premio de Argentina en uno de sus escenarios predilectos y dejó una marca que todavía permanece: cuatro victorias en casa, todas con un peso particular. En 1955 volvió a ganar, esta vez en una carrera extenuante marcada por el calor, en la que debió imponerse tanto a sus rivales como a las dificultades físicas y mecánicas del Mercedes-Benz. Un año más tarde, en 1956, protagonizó una de las victorias más singulares de la historia de la Fórmula 1: Ferrari le pidió que tomara el auto de su compañero Luigi Musso y, después de una remontada espectacular, ambos terminaron compartiendo el triunfo. Finalmente, en 1957, Fangio consiguió su última victoria en Argentina, nuevamente con Maserati, tras una intensa batalla con Jean Behra. Cuatro triunfos, cuatro historias diferentes y una despedida perfecta: Fangio no volvería a ganar en Buenos Aires, pero dejó allí una de las huellas más profundas de su carrera.

Después de aquella primera década marcada por Fangio, el Gran Premio de Argentina atravesó una larga ausencia y regresó al calendario en 1972. El mundo había cambiado y la Fórmula 1 también: ya no estaban los hombres de aquellas primeras carreras y Buenos Aires recibía a una generación nueva, con Jackie Stewart. A partir de entonces, Argentina volvió a convertirse en una parada habitual del campeonato y por sus curvas desfilaron algunos de los grandes protagonistas de los años 70. Emerson Fittipaldi ganó en 1973 y volvió a hacerlo en 1975, mientras que entre ambos triunfos Denny Hulme llevó a McLaren nuevamente a lo más alto en 1974. En 1977 fue Jody Scheckter quien se impuso con el Wolf, antes de que Mario Andretti conquistara en 1978 una carrera que anticiparía el dominio de Lotus durante aquella temporada. La década se cerró en 1979 con Jacques Laffite y Ligier. Fueron años de transición, de nuevos nombres, nuevas máquinas y nuevas formas de entender la Fórmula 1. Pero Buenos Aires seguía siendo el mismo escenario: un lugar donde la categoría podía cambiar de protagonistas sin perder jamás su vínculo con la pasión argentina.

Con el regreso de la Fórmula 1 a Buenos Aires también apareció un nuevo héroe argentino. Carlos Reutemann debutó oficialmente en la categoría justamente en el Gran Premio de Argentina de 1972 y lo hizo de una manera que todavía parece de película: consiguió la pole position en su primera carrera mundialista. La victoria, sin embargo, se le escapó y terminó séptimo. Un año después abandonó por una falla en la caja de cambios y en 1974 volvió a rozar la hazaña: marchaba entre los protagonistas, pero su Brabham se quedó sin combustible. En 1975 llegó su primer podio en casa, con un tercer puesto que repetiría en 1977, esta vez con Ferrari. En 1978 partió desde la primera fila con la Ferrari, aunque terminó séptimo, y en 1979 consiguió uno de sus mejores resultados ante su público: segundo, a menos de 15 segundos de Jacques Laffite, después de largar tercero con el Lotus. Su última aparición llegaría en 1981, ya con Williams, cuando volvió a subir al podio y terminó segundo. Reutemann nunca pudo ganar el Gran Premio de Argentina, pero pocas veces un piloto local generó tanta expectativa y emociones.

Después de 1981, la historia se interrumpió. El Gran Premio de Argentina había sido durante décadas una de las citas tradicionales del calendario, pero las dificultades económicas del país, los costos cada vez mayores para organizar una carrera de Fórmula 1 y el cambio de escenario político terminaron dejando a Buenos Aires fuera del Mundial. La edición de 1981, ganada por Nelson Piquet, fue la última durante un largo período. El Autódromo dejó de recibir a la categoría y Argentina quedó, por primera vez desde el nacimiento del campeonato, mirando la Fórmula 1 desde afuera.

El regreso llegó recién en 1995, en una Fórmula 1 completamente diferente. Ya no estaban Fangio, Moss, McLaren ni Reutemann. Los motores habían cambiado, la seguridad había transformado los circuitos y una nueva generación de pilotos comenzaba a ocupar el centro de la escena. Buenos Aires volvió a recibir al Mundial durante cuatro temporadas consecutivas, entre 1995 y 1998, y el público argentino volvió a encontrarse con el ritual que durante tantos años había formado parte de su identidad deportiva.

Pero aquella segunda vida del Gran Premio tendría un protagonista inesperado. Michael Schumacher llegó a Buenos Aires en 1998 con dos títulos en su haber y con Ferrari buscando recuperar el dominio que durante décadas había pertenecido a otros. La carrera terminó convirtiéndose en una batalla entre el alemán y los McLaren de Mika Häkkinen y David Coulthard. Schumacher largó desde la primera fila y, en una carrera marcada por la estrategia y el ritmo de Ferrari, consiguió imponerse ante Häkkinen para llevarse la victoria.

Michael Schumacher en el Gran Premio de Argentina.

No fue un triunfo más. Fue la única victoria de Schumacher en Argentina y la última de Ferrari en Buenos Aires. Pero nadie podía saberlo aquella tarde. La Fórmula 1 volvería a correr allí un año después y luego se iría definitivamente. La victoria del alemán terminó convirtiéndose, sin que nadie lo supiera, en la última fotografía de una historia que había comenzado 45 años antes con Fangio, Farina y Ascari.

Así, la Fórmula 1 se marcharía nuevamente de Buenos Aires. Esta vez, sin saber que aquella despedida sería definitiva. El Gran Premio de Argentina desapareció del calendario y el Autódromo Oscar y Juan Gálvez quedó en silencio mientras la Fórmula 1 continuaba expandiéndose hacia nuevos mercados. Desde entonces pasaron casi tres décadas. Cambiaron los autos, los reglamentos, los campeones y hasta la manera de entender el espectáculo. Lo único que permaneció intacto fue una pregunta que pareció volverse utopía: ¿cuándo volverá la Fórmula 1 a la Argentina?

Ahora esa pregunta vuelve a cobrar fuerza. Y esta vez hay una diferencia que no existía en 1998: Franco Colapinto. Un piloto argentino en la Fórmula 1, una generación que volvió a enamorarse de la categoría y un país que está intentando reconstruir el escenario que alguna vez recibió a Fangio, Reutemann y Schumacher. Quizás por eso el posible regreso no sea simplemente una nueva carrera: quizás sea el próximo episodio de una historia que todavía tiene muchos capítulos por escribir.

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